El 31 de enero próximo pasado se cumplieron 100 años del nacimiento de D. Héctor Roberto Chavero: ATAHUALPA YUPANQUI
Había nacido en Pergamino, ciudad ubicada en el noroeste de la Provincia de Buenos Aires, a 223 kms. de la ciudad de Buenos Aires, en plena pampa húmeda (“nace en el octavo año del siglo XX en la localidad de Pergamino en la provincia de Buenos Aires, “, Fernando Boasso, su biógrafo, autor del libro “ATAHUALPA YUPANQUI).
Hijo de D. José Demetrio Chavero y de Dª Higinia del Carmen Haram; entre sus antepasados se encuentran indios, criollos y vascos: “En aquellos pagos del Pergamino nací, para sumarme a la parentela de los Chavero del lejano Loreto santiagueño, de Villa Mercedes de San Luís, de la ruinosa capilla serrana de Alta Gracia. Me galopaban en la sangre trescientos años de América, desde que don Diego Abad Martín Chavero llegó para abatir quebrachos y algarrobos y hacer puertas y columnas para iglesias y capillas (...) Por el lado materno vengo de Regino Haram, de Guipúzcoa, quien se planta en medio de la pampa, levanta su casona, y acerca a su vida a los Guevaras, a los Collazo, gentes ‘muy de antes’ ...” (Así lo relata Don Ata en su libro “El canto del viento”, I ).
En Roca, localidad de la Provincia de Buenos Aires, donde su padre trabajaba en el ferrocarril, pasó los primeros años de su infancia. Los traslados familiares, la falta de dinero, estudios de otro tipo, o giras de concierto del maestro Almirón, influyeron en sus estudios que no fueron continuos ni completos, pero como él mismo señala estaba el signo impreso en su alma, y ya no habría otro mundo que ése: ¡La Guitarra! “La guitarra con toda su luz, con todas las penas y los caminos, y las dudas. ¡La guitarra con su llanto y su aurora, hermana de mi sangre y mi desvelo, para siempre!” (“El canto del viento”, II).
Y la guitarra será un amor constante a lo largo de toda su vida: “Muchas mañanas, la guitarra de Bautista Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con los preludios de Fernando Sor, de Costes, con las acuarelas prodigiosas de Albeniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las transcripciones de Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un muchacho del campo, que penetraba en un continente encantado, sintiendo que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud al cantar solitario de los gauchos” (“El canto del viento”, II).
“Vivió su niñez fuertemente moldeada en la tradición paterna, y junto a las peonadas del medio campesino, estibadores en tiempos de entrega del cereal, en los canchones poblados de carros, bueyes y caballos de tiro. Paisanajes de esquila, gauchos que cruzaban aquellas pampas abiertas al galope de sus corceles...” Así lo relata su biógrafo, Fernando Boasso, autor del libro “ATAHUALPA YUPANQUI.
Desde que empezó a dar a conocer sus poemas firmaba con el seudónimo de Atahualpa Yupanqui. La etimología de este nombre la dio él mismo: “Viene de lejanas tierras para contar algo” (Ata: viene; Hu: de lejos; Alpa: tierra; Yupanqui: narrarás, has de contar).
Allí sus días transcurren entre los asombros y revelaciones que le brinda la vida rural y el maravilloso descubrimiento del mundo de la música, al que se acerca a través del canto de los paisanos y el sonido de sus guitarras: “(...) mientras a lo largo de los campos se extendía la sombra del crepúsculo, las guitarras de la pampa comenzaban su antigua brujería, tejiendo una red de emociones y recuerdos con asuntos inolvidables. Eran estilos de serenos compases, de un claro y nostálgico discurso, en el que cabían todas las palabras que inspirara la llanura infinita, su trebolar, su monte, el solitario ombú, el galope de los potros, las cosas del amor ausente. Eran milongas pausadas, en el tono de do mayor o mi menor, modos utilizados por los paisanos para decir las cosas objetivas, para narrar con tono lírico los sucesos de la pampa. El canto era la única voz en la penumbra (...) Así, en infinitas tardes, fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía ‘su’ estilo. Cada cual expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba” (“El canto del viento”, I).
En Tucumán, a comienzos de los años ‘40, se casó con María Martínez, pero el matrimonio fracasó. Poco después conoció en Córdoba a Paule Pepin Fitzpatrick, “Nenette”, quien sería su compañera y colaboradora musical con el seudónimo “Pablo Del Cerro”.
En 1945 se afilia al Partido Comunista, vínculo que mantendrá hasta el año 1952, fecha en que retoma una posición política independiente. Esta afiliación y su actitud crítica ante el gobierno peronista le valdrán un silenciamiento forzoso durante todos esos años. Sus actuaciones fueron prohibidas, no participó en programas radiales, sus grabaciones se interrumpen desde 1947 hasta 1953. Tampoco se permitía la interpretación de sus temas por otros artistas (En 1952 murió Eva Perón y Perón fue derrocado en 1955).
Es detenido y encarcelado en ocho oportunidades. fue perseguido por el peronismo e incluso, “por comunista y guitarrero”, en una comisaría un policía le tiró una máquina de escribir sobre su mano derecha (sin saber que era zurdo): que no tuvo consecuencias físicas inmediatas, pero a la vejez esa mano si le dio problemas y tuvo que modificar su manera de tocar.
Las Coplas del payador perseguido, serían una respuesta a dicha agresión: “y aunque me quiten la vida/ o engrillen mi libertad/ y aunque chamusquen quizá/ mi guitarra en los fogones/ han de vivir mis canciones en l’alma de los demás”. Esta canción estuvo prohibida en algunos países, entre los que estaba la España franquista. Atahualpa Yupanqui estuvo exiliado en Paris.
En su vocabulario hay siempre una especie de preocupación constante por expresar lo infinito, lo inconmensurable, los misterios…… así lo expresó en cierta oportunidad: ”Aspiro a expresar los tres misterios argentinos; la pampa, la selva y el misterio de los Andes...”
Tuvo una vida ajetreada y recorrió el país en busca de testimonios de las viejas culturas aborígenes que fue la motivación que le permitió crear gran parte de su exitoso repertorio; En 1950 pasó a Uruguay y desde allí al Viejo Continente. Ya en París, Edith Piaf le brindó la oportunidad de compartir el escenario, debutando en junio de ese año. Desde ese momento, efectuó varias giras por Europa. Volvió a Buenos Aires en 1952. El Partido Comunista lo expulsa por sus duras críticas, por ello volvió a las radios, pero le trajo como consecuencia las críticas de todos, que no sabían dónde encasillarlo. Así en 1956, derrocado el peronismo, también fue perseguido por los militares antiperonistas. Pasó unos años entre sus residencias de Buenos Aires y de Cerros Colorados; en 1963/64 emprendió una serie de viajes a Colombia, Italia, Marruecos, Egipto, Israel y Japón.
Durante 1967 actuó por toda España, para instalarse, luego, casi definitivamente en París con regresos a la Argentina que, con la llegada en 1976 de la dictadura militar, se hicieron más espaciados. En 1979 volvió a presentarse en su país. Sus actuaciones en Europa comenzaron a ser menos frecuentes por algunos trastornos de salud. En 1986 Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió a Argentina para recibir el homenaje de la Universidad de Tucumán. Debió internarse en Buenos Aires en 1989 para superar una dolencia cardiaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. En noviembre de ese año murió Nenette. No obstante, a los pocos días Don Ata cumplió un compromiso artístico en París. En 1992 debe actuar en Nimes, Francia, pero se indispuso y allí murió el 23 de mayo. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerros Colorados, Córdoba, Argentina.
Boasso afirma: “...nuestro trovador fue hombre de excepcional talento, fue autodidacta que en sus numerosas creaciones logró conjugar música y poesía de calidad llamativa. Si eligiéramos una sola palabra para definirlo, sería originalidad. Por ello, Atahualpa es único, intérprete y fundador de un estilo que no es deudor a nadie. Fundador de un estilo que rescata raíces milenarias de nuestro continente americano, creando un árbol poético musical, que sin deformar, sobrelleva lo anónimo - el folklore- a nivel de salas de concierto en todo el mundo”.
Fue autor de alrededor de 350 de canciones, muchas en co-autoría con su esposa Nenette, en una de ellas escribió estos hermosos y profundos versos:
“NO SE VE LA CRUZ DEL SUR
EN LAS NOCHES DE TORMENTA
HAY QUE MIRAR DENTRO DE UNO
PARA ENCONTRAR A LA HUELLA”.
Llegó a escribir once libros…
La ciudad de Pergamino honrando a uno de sus hijos más ilustres, levantará una escultura en su memoria, cuya piedra fundamental ha sido colocada el día de su centenario, con la presencia de autoridades municipales, provinciales y nacionales.
En Cerro Colorado, donde descansan sus restos, se levantará un monumento en su memoria, auspiciado por la Fundación que lleva su nombre y es presidida por su hijo.
Había nacido en Pergamino, ciudad ubicada en el noroeste de la Provincia de Buenos Aires, a 223 kms. de la ciudad de Buenos Aires, en plena pampa húmeda (“nace en el octavo año del siglo XX en la localidad de Pergamino en la provincia de Buenos Aires, “, Fernando Boasso, su biógrafo, autor del libro “ATAHUALPA YUPANQUI).
Hijo de D. José Demetrio Chavero y de Dª Higinia del Carmen Haram; entre sus antepasados se encuentran indios, criollos y vascos: “En aquellos pagos del Pergamino nací, para sumarme a la parentela de los Chavero del lejano Loreto santiagueño, de Villa Mercedes de San Luís, de la ruinosa capilla serrana de Alta Gracia. Me galopaban en la sangre trescientos años de América, desde que don Diego Abad Martín Chavero llegó para abatir quebrachos y algarrobos y hacer puertas y columnas para iglesias y capillas (...) Por el lado materno vengo de Regino Haram, de Guipúzcoa, quien se planta en medio de la pampa, levanta su casona, y acerca a su vida a los Guevaras, a los Collazo, gentes ‘muy de antes’ ...” (Así lo relata Don Ata en su libro “El canto del viento”, I ).
En Roca, localidad de la Provincia de Buenos Aires, donde su padre trabajaba en el ferrocarril, pasó los primeros años de su infancia. Los traslados familiares, la falta de dinero, estudios de otro tipo, o giras de concierto del maestro Almirón, influyeron en sus estudios que no fueron continuos ni completos, pero como él mismo señala estaba el signo impreso en su alma, y ya no habría otro mundo que ése: ¡La Guitarra! “La guitarra con toda su luz, con todas las penas y los caminos, y las dudas. ¡La guitarra con su llanto y su aurora, hermana de mi sangre y mi desvelo, para siempre!” (“El canto del viento”, II).
Y la guitarra será un amor constante a lo largo de toda su vida: “Muchas mañanas, la guitarra de Bautista Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con los preludios de Fernando Sor, de Costes, con las acuarelas prodigiosas de Albeniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las transcripciones de Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann. Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un muchacho del campo, que penetraba en un continente encantado, sintiendo que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en virtud al cantar solitario de los gauchos” (“El canto del viento”, II).
“Vivió su niñez fuertemente moldeada en la tradición paterna, y junto a las peonadas del medio campesino, estibadores en tiempos de entrega del cereal, en los canchones poblados de carros, bueyes y caballos de tiro. Paisanajes de esquila, gauchos que cruzaban aquellas pampas abiertas al galope de sus corceles...” Así lo relata su biógrafo, Fernando Boasso, autor del libro “ATAHUALPA YUPANQUI.
Desde que empezó a dar a conocer sus poemas firmaba con el seudónimo de Atahualpa Yupanqui. La etimología de este nombre la dio él mismo: “Viene de lejanas tierras para contar algo” (Ata: viene; Hu: de lejos; Alpa: tierra; Yupanqui: narrarás, has de contar).
Allí sus días transcurren entre los asombros y revelaciones que le brinda la vida rural y el maravilloso descubrimiento del mundo de la música, al que se acerca a través del canto de los paisanos y el sonido de sus guitarras: “(...) mientras a lo largo de los campos se extendía la sombra del crepúsculo, las guitarras de la pampa comenzaban su antigua brujería, tejiendo una red de emociones y recuerdos con asuntos inolvidables. Eran estilos de serenos compases, de un claro y nostálgico discurso, en el que cabían todas las palabras que inspirara la llanura infinita, su trebolar, su monte, el solitario ombú, el galope de los potros, las cosas del amor ausente. Eran milongas pausadas, en el tono de do mayor o mi menor, modos utilizados por los paisanos para decir las cosas objetivas, para narrar con tono lírico los sucesos de la pampa. El canto era la única voz en la penumbra (...) Así, en infinitas tardes, fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía ‘su’ estilo. Cada cual expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba” (“El canto del viento”, I).
En Tucumán, a comienzos de los años ‘40, se casó con María Martínez, pero el matrimonio fracasó. Poco después conoció en Córdoba a Paule Pepin Fitzpatrick, “Nenette”, quien sería su compañera y colaboradora musical con el seudónimo “Pablo Del Cerro”.
En 1945 se afilia al Partido Comunista, vínculo que mantendrá hasta el año 1952, fecha en que retoma una posición política independiente. Esta afiliación y su actitud crítica ante el gobierno peronista le valdrán un silenciamiento forzoso durante todos esos años. Sus actuaciones fueron prohibidas, no participó en programas radiales, sus grabaciones se interrumpen desde 1947 hasta 1953. Tampoco se permitía la interpretación de sus temas por otros artistas (En 1952 murió Eva Perón y Perón fue derrocado en 1955).
Es detenido y encarcelado en ocho oportunidades. fue perseguido por el peronismo e incluso, “por comunista y guitarrero”, en una comisaría un policía le tiró una máquina de escribir sobre su mano derecha (sin saber que era zurdo): que no tuvo consecuencias físicas inmediatas, pero a la vejez esa mano si le dio problemas y tuvo que modificar su manera de tocar.
Las Coplas del payador perseguido, serían una respuesta a dicha agresión: “y aunque me quiten la vida/ o engrillen mi libertad/ y aunque chamusquen quizá/ mi guitarra en los fogones/ han de vivir mis canciones en l’alma de los demás”. Esta canción estuvo prohibida en algunos países, entre los que estaba la España franquista. Atahualpa Yupanqui estuvo exiliado en Paris.
En su vocabulario hay siempre una especie de preocupación constante por expresar lo infinito, lo inconmensurable, los misterios…… así lo expresó en cierta oportunidad: ”Aspiro a expresar los tres misterios argentinos; la pampa, la selva y el misterio de los Andes...”
Tuvo una vida ajetreada y recorrió el país en busca de testimonios de las viejas culturas aborígenes que fue la motivación que le permitió crear gran parte de su exitoso repertorio; En 1950 pasó a Uruguay y desde allí al Viejo Continente. Ya en París, Edith Piaf le brindó la oportunidad de compartir el escenario, debutando en junio de ese año. Desde ese momento, efectuó varias giras por Europa. Volvió a Buenos Aires en 1952. El Partido Comunista lo expulsa por sus duras críticas, por ello volvió a las radios, pero le trajo como consecuencia las críticas de todos, que no sabían dónde encasillarlo. Así en 1956, derrocado el peronismo, también fue perseguido por los militares antiperonistas. Pasó unos años entre sus residencias de Buenos Aires y de Cerros Colorados; en 1963/64 emprendió una serie de viajes a Colombia, Italia, Marruecos, Egipto, Israel y Japón.
Durante 1967 actuó por toda España, para instalarse, luego, casi definitivamente en París con regresos a la Argentina que, con la llegada en 1976 de la dictadura militar, se hicieron más espaciados. En 1979 volvió a presentarse en su país. Sus actuaciones en Europa comenzaron a ser menos frecuentes por algunos trastornos de salud. En 1986 Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió a Argentina para recibir el homenaje de la Universidad de Tucumán. Debió internarse en Buenos Aires en 1989 para superar una dolencia cardiaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. En noviembre de ese año murió Nenette. No obstante, a los pocos días Don Ata cumplió un compromiso artístico en París. En 1992 debe actuar en Nimes, Francia, pero se indispuso y allí murió el 23 de mayo. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerros Colorados, Córdoba, Argentina.
Boasso afirma: “...nuestro trovador fue hombre de excepcional talento, fue autodidacta que en sus numerosas creaciones logró conjugar música y poesía de calidad llamativa. Si eligiéramos una sola palabra para definirlo, sería originalidad. Por ello, Atahualpa es único, intérprete y fundador de un estilo que no es deudor a nadie. Fundador de un estilo que rescata raíces milenarias de nuestro continente americano, creando un árbol poético musical, que sin deformar, sobrelleva lo anónimo - el folklore- a nivel de salas de concierto en todo el mundo”.
Fue autor de alrededor de 350 de canciones, muchas en co-autoría con su esposa Nenette, en una de ellas escribió estos hermosos y profundos versos:
“NO SE VE LA CRUZ DEL SUR
EN LAS NOCHES DE TORMENTA
HAY QUE MIRAR DENTRO DE UNO
PARA ENCONTRAR A LA HUELLA”.
Llegó a escribir once libros…
La ciudad de Pergamino honrando a uno de sus hijos más ilustres, levantará una escultura en su memoria, cuya piedra fundamental ha sido colocada el día de su centenario, con la presencia de autoridades municipales, provinciales y nacionales.
En Cerro Colorado, donde descansan sus restos, se levantará un monumento en su memoria, auspiciado por la Fundación que lleva su nombre y es presidida por su hijo.